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Política

Stop al voto electrónico

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Han pasado sesenta y siete años desde que, en abril de 1955, el maestro de la ciencia ficción, Isaac Asimov, escribió el conocido cuento: «Sufragio universal», en el que idealizó la celebración de un proceso electoral, en el año 2008, en que el presidente de los Estados Unidos, en lugar de ser elegido de manera directa por la mayoría de los votantes, sería seleccionado por un solo votante, el más perfecto e informado de todos los electores, que sería escogido por una supercomputadora llamada Multivac.  

Asimov no tuvo que esperar mucho tiempo para ser testigo de los primeros pasos hacia la automatización y, más adelante, la escogencia de su super elector, ya que, en la década de 1960, se dio inicio al voto electrónico, mediante un sistema, todavía vigente, en el que los electores perforan las tarjetas para votar por sus candidatos preferidos, las cuales luego son tabuladas en las computadoras o introducidas en las urnas.  

Más adelante, en la década de 1970, se introdujo el sistema de escáner óptico en el que los electores reciben las tarjetas con los nombres de los candidatos, marcan en un rectángulo, un círculo o una flecha, el de su preferencia y, finalmente, introducen las tarjetas directamente en un aparato que tabula los resultados o en urnas que luego son trasladadas a un centro de tabulación.  

Sin embargo, el gran salto de la tecnología electoral se produjo a finales de la década de 1990, con la implementación de los sistemas de Registro Electrónico Directo (RED), que permite al elector votar directamente por el candidato de su preferencia con tan solo presionar en una pantalla táctil los botones correspondientes.  

Para garantizar la seguridad del voto, la información sobre la votación generalmente se almacena, excepto en el sistema venezolano, que le genera a cada elector un comprobante de su voto para ser depositado en una urna, y el de Bélgica, que pone en manos del elector una tarjeta inteligente, que también deposita en una urna, como prueba de su voto.  

Comprobado el funcionamiento de los anteriores sistemas de voto electrónico, en este momento la tecnología electoral se enfrenta al gran desafío de brindar a los electores una comodidad nunca imaginada para ejercer el sufragio: el voto por internet.  

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Pero, paremos ahí, echemos a un lado a Asimov y al voto electrónico, y volvamos a la realidad de la R.D. del siglo XXI del Internet, donde, este 21 de diciembre de 2022, el Tribunal Constitucional acaba de ponerle un stop al voto automatizado, mediante la sentencia TC/0484/22, que declaró inconstitucional el artículo 99 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral, que permitía la automatización del voto.   

El garante de la supremacía de la Constitución consideró que el legislador vulneró el artículo 74, numeral 2, de la Ley Sustantiva, que establece que solo por ley, en los casos permitidos por ella, podrá regularse el ejercicio de los derechos y garantías fundamentales, como el de elegir y ser elegible, lo que no ocurre con el referido artículo 99, debido a que para implementar el voto automatizado le confirió una competencia a la Junta Central Electoral que transgrede el artículo 4 de la Constitución, sobre el impedimento de la delegación de atribuciones.  

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