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Política

La pasarela de las encuestas

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Guido Gómez Mazara

Así de exhibicionista, como las aspirantes en los concursos de belleza, la intención radica en generar un impacto entre los observadores.

Allí lo que se percibe tiende a traducirse en realidad, desde el instante, en que los intereses pautan la «seleccionada».

Las calidades poco importan, destrezas e ideas no se corresponden con los esquemas del triunfo. Pura y simplemente, se estructura el producto para venderlo.

Y el afán en estructurar referentes para el consumo coincide con el terrible proceso de degradación de la práctica política.

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Esencialmente, en la medida que lo ganable es sustentado en las destrezas para seducir a los espectadores electorales, en cada torneo, con la fatal característica de llenar de frustración a incautos depositantes de una fe, históricamente traicionada cada cuatro años.

La materia prima de la investigación de mercado ha sido distorsionada por el ejército de politicastros, siempre aptos, acomodando sus agendas y egos.

Tienen encuestas a su servicio sirviéndole de sastrería en la ejecución de trajes inspirados en proyectos municipales, congresuales y presidenciales.

Lamentablemente, lo importante no radica en su certeza sino en la capacidad de engaño a los ciudadanos.

De ahí, el pernicioso juego caracterizado por repetir falsedades, atributos y una valoración encauzada por la fuerza de sus financiadores.

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Atrás quedaron los años en que, dos o tres firmas encuestadoras, retrataban con olímpica exactitud las tendencias de simpatías.

Ahora, desde las ondas radiales, televisivas y redes, bombardean mentiras diseñadas por maestro de la falsedad que, asumen equivocadamente, la posverdad como licencia en capacidad de mentir sin escrúpulos.

La opinión real articulada por los ciudadanos en el callejón, patio, esquina, colmado y barrio, no les resulta importante: siempre estarán en disposición de acatar lo que dispongan los otros.

¡Prepárense en el 2023! Llega el año de la zafra en materia política, incluyendo las encuestas, irónicamente jugando un rol de pasarelas para el engaño en tiempos de tanta insuficiencia revestida de aspiración.

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