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Economía

El salario mínimo debe recuperar poder adquisitivo

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Arturo Martínez Moya

La inflación nos empobrece a todos, con mayor intensidad a trabajadores, tiene los mismos efectos de un impuesto regresivo.

Para compensar la pérdida de poder adquisitivo por la inflación que se había acumulado y reducido el ingreso disponible de familias, demanda interna y ritmo de crecimiento del PIB, el 21 de julio de 2021 el Gobierno de Luis Abinader realizó el mayor aumento de salario mínimo registrado en la historia del Comité Nacional de Salario.

Promedio 32.8%, con subidas dispares a empresas según tamaño: grande, 19.3%, el salario mínimo hasta RD$27,000; mediana, 59.0% por ciento hasta RD$19,250, y 20.2 por ciento pequeña empresa, hasta RD$11,900.

Ponderando por la cantidad de trabajadores, como debe ser, el promedio se reduce a 23% y menores las subidas por empresas: grande, 10%, concentra 52 por ciento de los trabajadores; mediana, 8.9%, con el 15%, y 4% pequeña empresa, con el 20 por ciento. Las micro concentran 13% del trabajo.

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Comparando el incremento medio ponderado (23%) con la inflación acumulada (12.6%) del 1ro. de agosto de 2019 al 21 de julio de 2021, tenemos que con la histórica alza de salario mínimo los trabajadores privados recuperaron y ganaron poder adquisitivo, acumulado 10.4% (diferencia entre ambos aumentos). Ganancia que se perdió y algo más, 1.5 por ciento, descontando la inflación acumulada de 11.9 por ciento en diez y siete meses, desde el 21 de julio de 2021 a diciembre 2022, periodo de difícil entorno inflacionario mundial.

Para recuperar esta pérdida de poder de compra los sindicatos quieren que se repita el histórico incremento de salario mínimo del 21 de julio de 2021, es decir, un alza promedio simple de 30 por ciento y 23% ponderado por la cantidad de trabajadores, lo que ahora no es posible ni prudente por las siguientes razones.

Primero, histórico fue el aumento que compenso la inflación acumulada en los treinta y seis meses (del 1ro. de agosto de 2019 al 21 de julio de 2021), porque incluyo el periodo de la peor crisis sanitaria registrada en la historia del país desde su origen, con cierre de actividades económicas durante meses que implico pérdidas sin precedentes de PIB y empleos en 2020.

Segundo, las empresas en su inmensa mayoría no acumularon liquidez para pagar las fuertes subidas de salario mínimo, pero no tuvieron problemas, las financiaron con un incremento extraordinario de la productividad aparente del trabajador.

En efecto, el PIB real aumento 9.4% de julio 2019 a septiembre 2022 y el empleo (ocupados) disminuyo -0.51% desde el trimestre abril-julio 2019 al tercer trimestre de 2022, aumentando 9.9% la productividad aparente por ocupado (crecimiento del PIB menos crecimiento del trabajo).

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Y tercero, mundial fue la inflación que internamente se acumuló desde el 21 de julio de 2021 hasta diciembre 2022, y de oferta, no de demanda. Como en su mayor parte se originó fuera de nuestras fronteras y la importamos, no contribuyó el salario del trabajador tampoco el margen de las empresas.

Por todo lo anterior, lo razonable es descontar el componente importado a la inflación general acumulada, y el resultado tomarlo como vara para medir el aumento prudente de salario mínimo que puede realizarse en este momento. Con la restricción de que el porcentaje debe ser menor a la inflación resultante, para que sea asumible por empresas y neutral para la economía al no transferirse a los precios en una segunda ronda.

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